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He tenido la suerte de tener una familia que me ha inculcado el gusto por viajar. Nunca fuimos la típica familia que veranea en la playa. Nuestros planes de verano se resumían en pasar unos días en una cabaña finlandesa, recorrernos en coche los innumerables pueblos de Austria y Suiza o patearnos las calurosas calles de Túnez. Con estas pequeñas experiencias fui acumulando puntos en el mapa. Poco a poco, me fui dando cuenta que lo que conocía hasta ahora no era ni la mínima parte de lo que me quedaba por descubrir.

Es así como crece en uno mismo lo que yo denomino «el virus viajero». O lo que es lo mismo, las ganas de conocer el mundo, cruzar fronteras y coleccionar recuerdos. Detectar si estás contagiado es bastante sencillo.

Habrá lugares que te fascinen por encima de otros y la vista se te irá siempre hacia esa zona concreta del mapamundi. Te pondrás como loco a investigar sobre ese posible país al que ir a visitar. Leeras historias, blogs y tu cabeza fantaseará con todas las posibles vivencias que podrán ocurrirte durante el viaje. Una vez que te has decidido y has comprado el vuelo, solo queda la ansiada espera. Puede ser que te vayas inmediatamente o puede que tengas que esperar varios meses hasta irte. Lo único que te consuela hasta la fecha es seguir empapándote de información.

Y por fin llega el día en el que el viaje comienza. El día en que tienes todo preparado, a pesar de que seguramente pienses que algo se te ha olvidado. Con las baterías cargadas y el macuto a tu espalda, comienza tu aventura. Da igual que el viaje dure una semana, dos o siete meses. La alegría no es proporcional a la duración del viaje, sino a tus ganas por conocer y exprimir el destino. Lo importante será lo mucho que aproveches tu aventura. Lo mucho que fotografías cada instante. Lo mucho que valores la gente a la que conoces, que se molesta en quererte conocer a ti. Lo mucho que te rías con cada bache en el camino. Lo mucho que vivas. En definitiva, lo mucho que disfrutes.

Por desgracia, todo viaje llega a su fin. Pero no con ello vas a estar curado del virus. Todo lo contrario. Nada mas aterrizar, entre anécdotas y recuerdos, llegarás a tu casa, mirarás el mapamundi de nuevo y tu vista se detendrá en otro lugar. Y vuelta a empezar.

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